De la miedocracia a la tontocracia

Por Gabriel Alcolea

Decía Alfonso Guerra que a España no la reconocería ni la madre que la parió… Se equivocó el buen señor, aun a conciencia plena de lo que decía y, sobre todo, por ello. Los cuatro derechos individuales que tuvieron a bien regalarnos, y los otros cuatro de carácter social que han costado sacarles a base de darle golpes en los codos, van a diluirse –se están diluyendo ya– como un azucarillo en un vaso de agua.

Dicen que ya no quedan ideales. Dicen que no se vota con ideas políticas. Dicen que, posiblemente, cualquier tiempo pasado fue mejor, pero que lo que interesa es el día a día, un empleo bien remunerado y una buenas vacaciones. Las personas, en general – ahí están los resultados electorales-, tienen más miedo que nunca. No piensan con el corazón o con el cerebro. Sólo lo hacen con el bolsillo o el estómago. Han sabido llevarnos al terreno que les convenía. Estamos adocenados. Las ideas cada vez más ramplonas y triviales.

Con cinco millones de personas desempleadas; un millón setecientas mil personas sin ningún tipo de subsidio; el 27% de la población española, o sea, doce millones de personas, (más que votantes tuvo el PP) en el umbral de la pobreza; percibiendo subsidios o pensiones inferiores a 500 euros mensuales; el 70% de los empleos por debajo de 1.200 euros mensuales brutos; el 85% de la población con la vivienda hipotecada y, a poco que el capital dé la orden de nuevo, con cuotas que no podrán pagar una gran mayoría; cerca de trescientos mil desahucios en los tres últimos años; miles –millones ya– de pequeños negocios cerrados; mendicidad por doquier; indigencia a la vista en cualquier localidad española; etc., etc. Ahora, a tanto descalabro, se empiezan a sumar los recortes –reformas les llama el jeta del señor Montoro– que en Sanidad, Educación, Dependencia, Becas, y cualquier otra ayuda social, han empezado por algunas autonomías gobernadas por la derecha y se completarán con la apostilla después de las elecciones andaluzas y la aprobación de los Presupuestos generales del “reino”.

Mientras nos hemos acomodado a esta tragedia, la otra cara de la moneda nos muestra, sin rubor alguno, sin piedad y con la avaricia que les caracteriza, cómo las prebendas de los políticos apenas sí se han tocado. Altas, y varias, remuneraciones, dietas, viajes, pensiones vitalicias, coches blindados, escoltas, criados, secretarios, teléfonos, chóferes, etc. Cómo sigue el estado perverso de la corrupción campando a sus anchas a poco que se levante la más pequeña alfombra, por muy “real” que sea. Cómo los beneficios empresariales siguen disparados a pesar de la cacareada crisis. Cómo los jerifaltes de las finanzas juegan con nuestro dinero con la anuencia y complicidad de los gobiernos de turno, haciéndonos pagar intereses por el “dinero que les prestamos a ellos”. Cómo siguen produciéndose los despidos masivos de trabajadores y cómo se llevan a cabo los contratos más vergonzantes de nuestra historia, sin que los sindicatos se atrevan a mover un solo dedo. Cómo empresarios sin vergüenza ni ética alguna siguen realizando cierres empresariales encubiertos y fraudulentos. Cómo el dinero negro sigue circulando en nuestra sociedad; todos lo vemos, pero nadie tira la primera piedra. Cómo sigue aumentando la economía sumergida –en tasas del 30% del PIB- sin que nadie le ponga freno. Cómo es imposible alquilar una caja de alquiler en una entidad bancaria, pues todas están “ocupadas y repletas de billetes”. Cómo los políticos y los empresarios –banqueros incluidos, claro está– se ríen de la Justicia. Cómo se siguen nombrando funcionarios a dedo; jueces por su color; y altos cargos por su ideología. Cómo no se han suspendido tanto agasajo, embajadas, diplomáticos, cenas y actos fastuosos, viajes increíbles, palacios, palacetes, deportistas multimillonarios tributando en países extranjeros (el último escándalo conocido, los jugadores de la selección española de fútbol en el Mundial de Sudáfrica).

Para completar la vergonzosa película de este “reino” de siglo XV no han de faltarnos ni reyes, ni príncipes, ni infantes, ni condesas, ni duques (aunque sean de Palma… Arena), ni primos, ni sobrinos, ni gorrones de cualquier calaña, ni bribonzuelos políticos incalificables que forman parte de la corte y boato de este “reino”. La desvergüenza, la inutilidad, la carencia de ética, la poltrona, la pensión vitalicia, etc. es lo que nos ha traído –aunque en realidad siempre ha sido así– tanta calamidad. Desde 1940 hasta Zapatero y, ahora, continuando con Rajoy (o ¿alguien espera lo contrario?).

Del miedo a estar tontos sólo había un paso y nos lo han hecho dar. Los españoles en todas las últimas elecciones hemos elegido a quienes ellos querían. No tenemos remedio y nos merecemos todos los males que esta gentuza nos acarree.

Primero miedocracia, ahora tontocracia… ¿Llegaremos a estar cuerdos y enteros algún día? ¿Qué necesitamos para echarnos a la calle?

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