CAM: ejemplo de la estafa financiera en España

Por Gabriel Alcolea

Sería relativamente sencillo, aunque engorroso de leer, plasmar aquí todos los datos financieros y contables reflejados en la prensa económica o en los datos facilitados por el Banco de España, así como hacer especial mención del devenir de la caja a través de sus últimos quince años, con el fin de hacernos una idea de cómo y por qué este entramado ha terminado en el cubo de la basura.

Después mencionaremos alguna nimia circunstancia, dato o producto que nos valga como símil para conocer este desvarío en la gestión de la primera caja alicantina. Pero, por el momento, nos conformaremos con ejemplos muy simples para que un lector no ducho en números y finanzas se pueda hacer una idea de esta vorágine.

Bástenos uno, para empezar, referido a las declaraciones de su exdirectora general, la señora MariaDolores Amorós, o a otro de sus exdirectores generales, señor López Abad ante la comisión de Les Corts Valencians  que investigan los hechos, o bien del expresidente Crespo-metido a tornillo por Camps– que, públicamente, pone el grito en el cielo por quedar su nombre y “su honor”en entredicho. Personajes, junto a otros más, con sueldos millonarios y prebendas y privilegios dentro de los servicios y productos de la CAM.

Ha resultado que nadie sabía nada del entramado y los agujeros que han salido a la luz. Pensaban que todo estaba en orden, sobre todo, porque la CAM estaba auditada por el Banco de España (que esa es otra, digna de estudio…). La señora Amorós ha llegado a afirmar que ella “no entendía de la contabilidad de la Caja…”, o que, “me limitaba a leer los informes que se me facilitaban por parte de los directivos…”. Bueno, al menos, no le han echado la culpa del estropicio a Zapatero como directamente hizo Camps.

Parece increíble que la señora Amorós, que pertenecía al consejo de dirección desde 1998, que fue adjunta a la dirección general desde el 2001 hasta el 2010, año en que fue nombrada directora general pueda hacer públicas estas palabras. ¿Creerán a todo el mundo idiota? ¿Se están riendo de todos nosotros? ¿Son así de nacimiento? o es que están seguros de que no les va a pasar nada, al estilo de sus valedores, los Camps, CostaBárcenas y todos los ejemplares que hemos visto pitorrearse de la sociedad entera gracias a los magnánimos jueces. Apuesto por lo último.

La muerte de la CAM no ha sido por un ictus cerebral, ni un infarto agudo de miocardio. Lo de esta entidad “pública” -pública, no lo olvidemos- viene de atrás. Lleva muchos años enferma y grave. Ya en los años de Lerma, allá por el 92,  este socialista –pero sólo de carné-, pretendió una intentona de fusión con Bancaja. Confabuló fuerzas con un grupo empresarial benidormí, que, curiosamente, ahora se ve mezclado con ciertas turbulencias de la caja vecina. No cuajó. Seguro que alguien no estaba satisfecho con las migajas que le podían caer al bolsillo.

Más tarde, ya con Zaplana, el experimento se intentó durante bastantes envites con la de Murcia, pero los dueños de El Pozo, los hermanos Fuertes que eran quienes mandaban en la entidad murciana, no vieron con buenos ojos el matrimonio. Posteriormente, ya con Camps y a consejo-orden del Banco de España, se intentó la fusión con un grupo de cajas, encabezadas por Caja Asturias. La vanidad, la chulería, el querer ser más –llevar la gestión- que el otro, tan propio de los dirigentes que tiene por estas tierras el PP, anuló de hecho la fusión. Puede que fuera el hipócrita orgullo pepero o, pensando mal, que no les interesaba a estos que nadie husmeara los balances internos y se dieran cuenta de lo que en verdad encerraban sus cuentas. La salida a Bolsa, mal planificada por las prisas de los gestores, fue otro estrepitoso suceso. Al final, al banco central no le quedó más remedio que intervenirla visto el deterioro de la situación.

La CAM tenía 1.100 oficinas por toda España y más de 7.300 empleados. A cierre del 2011 sus cuentas son un poema. Se declaran pérdidas por 2.700 millones. De sus 44.805 millones de inversión, 14.938 (33,3%) corresponden al sector del ladrillo, y de esa cifra están considerados como de dudoso cobro la cantidad de 13.193 millones el 30% de la inversión, con una cobertura de 4.390 mill. (33%). De esos créditos a promotores 11.720 mill. tienen garantía hipotecaria, pero no otros 3.218 mill. A obra terminada correspondían 6.065 mill., a suelo 4.046 mill. y a obra sin terminar 1.609 millones.

El problema de la CAM puede que haya venido en parte por la burbuja inmobiliaria, dónde ella misma estaba inmersa –pura especulación y codicia- a través de sociedades constituidas con promotores de la construcción en negocios impropios de una Caja cuyo fin y objeto es la obra social. Pero, sin duda alguna, ha sucumbido por el descontrol, el desgobierno, la nula gestión, los trapicheos de sus dirigentes y de los políticos del PP, principales responsables de este desaguisado, al igual que la otra caja valenciana: Bancaja.

Qué decir de la inestimable ayuda de Zaplana para invertir en proyectos míticos y muertos de antemano. El propio Zaplana, al ser nombrado ministro de Trabajo, allá por diciembre de 2002, se “autoconcedió” un préstamo hipotecario de 1,6 mill.de euros para adquirir una vivienda de 532 m2 en el mismo Paseo de la Castellana de Madrid. Y lo hizo en ventajosas condiciones: cinco años de carencia de capital, primer año de interés al 3,35% -cuando los intereses habituales eran de tres o cuatro puntos más- por lo que cada mes debería pagar la cantidad de 8.000 euros de amortización “de intereses” y cuando su sueldo de ministro era de 6.000 euros al mes. ¡¡Explíquenmelo!!

Camps, por su parte, no se ha quedado atrás y ha hecho y deshecho cómo y cuánto ha querido en el Consejo de Administración, imponiendo a su delfín Modesto Crespo, curiosamente distribuidor de la marca de vehículos Ford, marca que tiene su centro de producción en Almusafes (Valencia), subvencionada y estrechamente relacionada con la Generalitat Valenciana y suministrador de vehículos oficiales para dicha autonomía, el cuál ha gozado de prebendas que los anteriores Presidentes no habían gozado, por ejemplo un sueldo anual de 300.000 euros y privilegios financieros para su uso particular o negocio.

Terminaremos –no hay más espacio- con el fraude directo causado a la clientela realizado a través de productos financieros de alto riesgo como era el Doble Ahorro Combinado, un extraño producto compuesto de una parte del dinero impuesto por el cliente destinado a una simple y conocida imposición a plazo fijo y otra parte a la compra de Participaciones Preferentes –producto financiero complejo y alto riesgo, de emisión perpetua, con compra-venta en el mercado secundario. El dinero en la imposición se puede recuperar, pero no así el destinado a las preferentes. Otro producto fueron las Cuotas Participativas, una especie de piel de oso antes de cazarlo. Tras el descalabro bursátil el Banco de España les ha aplicado un valor de cero euros. El otro producto de ingeniería financiera inventado para recaudar fondos fueron las Obligaciones Subordinadas, una inversión en deuda de la propia entidad.

Todo esto intenta rescatarlo ahora el Banco Sabadell que se ha quedado con la CAM por el valor simbólico de un euro. Si el Banco de España, este Gobierno tramposo, el Banco Sabadell y el propio escatológico sistema financiero de este reino bananero no nos ocultan algo y gordo, o sea, una mentira más a las que ya estamos acostumbrados, esta entidad está muerta e imposible de resucitar…

Algún ave carroñera –quizás una gaviota azul- sacará una varita mágica y lo arreglará…¡como Dios manda!, o sea, ¡como siempre!

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